El desaparecido Helenio Herrera acuñó la frase de que “con 10 se juega mejor que con 11”, y en este partido los hechos le dan la razón. En una primer mitad bronca y con entradas duras (el árbitro tuvo que sacar siete amarillas), los hombres de Valery Karpin comenzaron a dominar cuando resultó expulsado por doble amarilla Kombarov, un guerrero que se la ganó porque antes había participado en varias “batallas”. La primera parte finalizó con empate a cero.
En la reanudación, más de lo mismo, con esporádicas llegadas de los noruegos, jugando al contraataque ante un equipo ruso en minoría desde el minuto 40 de la primera mitad. En un balón en profundidad, Emenike ganó la partida por velocidad a los dos centrales noruegos, Larsen y Ronning, y batió a Örlund en la salida. Parecía el partido liquidado, pero en el descuento, minuto 91, Chibuike sorprendió con su gol y estableció el empate.
Para dilucidar el ganador y los puntos en la liguilla clasificatoria se lanzaron los correspondientes penaltis. Y asistimos a un auténtico recital de penas máximas bien lanzadas por ambos equipos, que no fallaban. Al final, el portero sueco paró el penalti número ocho lanzado por Kudriashov y los suecos ganaron 9-8 en la tanda de lanzamientos de penaltis.